El feroz altavoz devoró al pequeño e ingenuo pollo, que mal rollo. Acto seguido lo vomitó entero, el pollo respiraba ajetreado por el mortal miedo que lo poseía. El altavoz se carcajeó, su risa resonaba en la vieja fábrica produciendo un eco que le confería un tono todavía más aterrador.
Entonces entró él... un chico jóven y peludo, cuyo pelo de las axilas brotaba como lianas en tupida selva, arrastrándose por el sucio suelo y adquiriendo así más masa. El muchacho, al ver al pobre pollo asustado y bañado en saliva, corrió hacia la escena agitando sus lianas axilares al viento, listo para usarlas como arma. El altavoz quedó sorprendido, pero no por ver al peludo muchacho empuñar sus poderosos cabellos axilares como arma, sino por ver que el objetivo del loco pardo no era él.
Con un movimiento exageradamente rápido lanzó la liana axilar como si de un tentáculo se tratara y empaló al pollo por el ano, reventándolo a la vez que éste profería un terrible grito mezcla entre agonía y placer. La liana de pelo, que tenía trozos de metal pegados, rasgó el ano del pobre pollo, produciendo una terrible herida de la que brotaba sangre y mierda a partes iguales. El nauseabundo olor le hizo vomitar repetidas veces sobre el pollo, que murió deshecho en sus ácidos estomacales.
El joven, al ver lo que había quedado del pollo, decidió que el mejor homenaje sería chupar los ácidos bañados en los restos deshechos del pollo, cosa que se apresuró a hacer antes de que se evaporaran. Chupó y chupó, bebió y bebió hasta tuvo la lengua en carne viva y del pollito no quedaba más que una húmeda carcasa viscosa. Entonces, se percató que el edor de la mezcla le resultó tan embriagador que empezó a revolcarse y restregarse por el suelo como un poseso, ansioso por adueñarse del exquisito perfume.
Y tanto se restregó, que su cuerpo se desgastó de la fricción contra el suelo, fundiéndose en uno con el pollo. El feroz nigromante apareció y con su dura varita hizo que de los restos se alzara un terrible pollo gigante con enormes pelacos bajo sus alas. El pollazo empezó a picar al feroz altavoz sin dilación hasta que, sin aviso previo, explotó, lanzando al nigromante y su varita a los cielos. El feroz altavoz no sobrevivió a la explosión avícola y el nigromante... el nigromante acabó violado por una manada de pollos salvajes comandados por el mismísimo Dios de los Cielos.
12 abr 2012
7 mar 2012
El castigo divino
Viéndola desnuda como estaba, se abalanzó sobre ella, derribándola. Sus manos aterrizaron en sus blancos senos, aplastándolos. Ella gimió de dolor, lo que tan sólo logró excitar más al borracho.
- ¡Eres una cerda insolente! - gritó él, su voz un susurro ronco en el silencio nocturno. - Escocía te voy a dejar te tanto meterte el susurro ronco en el silencio nocturno.
Fue entonces cuando sus dedos entumecidos lograron aferrarse a la esperanza: el cable de la lampara que había sobre la mesita de noche. Lo estiró con todas las fuerzas que pudo reunir, tirando la lampara al suelo. El borracho, ocupado en sus manoseos no se percató hasta que fue demasiado tarde. Un charco de sangre se acumulaba bajo su quebrada cabeza tras el golpe.
Fue entonces cuando el nigromante apareció de las sombras para darle una nueva vida a base de crema de su varita mágica. Pero antes de que pudiera hacer nada, la viuda negra apareció y segó su vida de un mordisco. El veneno calándose en sus venas como alma que lleva al diablo. Solo que esta vez, el Diablo no se lo llevó. Sacó su tridente infernal se lo clavó profundamente para anclar la vida a su cuerpo de nuevo.
El borracho se levantó, luciendo su nueva vida, agarró a la zorra por el cuello con una mano, abriéndole las piernas con la otra. Y ahora sí, se dispuso a fecundarla. Rápidamente, la zorra se giró, así que la semilla no fue plantada en terreno fértil sino en las sucias ciénagas. La semilla no pudo prosperar y se diluyó entre la mierda colindante.
Aún en una postura confusa, la zorra, haciendo ahínco de todas sus fuerzas y con la ayuda de los dioses, reunió los poderes de la ventosidad sagrada y los liberó. El aire impulsó las semillas desparramadas en la ciénaga, acertando en la cara del borracho que murió en el acto, pero no sin antes recibir otro tridentazo diabólico profundo y, ya a cuatro patas, la profunda varita mágica del nigromante, subiéndolo a los cielos y descendiendo rápidamente a los abismos de la violación anal.
Fue entonces cuando, según cuentan las leyendas, Dios bajó de los cielos y sodomizó al nigromante, requisándole la sólida varita con sus tersas nalgas.
- ¡Eres una cerda insolente! - gritó él, su voz un susurro ronco en el silencio nocturno. - Escocía te voy a dejar te tanto meterte el susurro ronco en el silencio nocturno.
Fue entonces cuando sus dedos entumecidos lograron aferrarse a la esperanza: el cable de la lampara que había sobre la mesita de noche. Lo estiró con todas las fuerzas que pudo reunir, tirando la lampara al suelo. El borracho, ocupado en sus manoseos no se percató hasta que fue demasiado tarde. Un charco de sangre se acumulaba bajo su quebrada cabeza tras el golpe.
Fue entonces cuando el nigromante apareció de las sombras para darle una nueva vida a base de crema de su varita mágica. Pero antes de que pudiera hacer nada, la viuda negra apareció y segó su vida de un mordisco. El veneno calándose en sus venas como alma que lleva al diablo. Solo que esta vez, el Diablo no se lo llevó. Sacó su tridente infernal se lo clavó profundamente para anclar la vida a su cuerpo de nuevo.
El borracho se levantó, luciendo su nueva vida, agarró a la zorra por el cuello con una mano, abriéndole las piernas con la otra. Y ahora sí, se dispuso a fecundarla. Rápidamente, la zorra se giró, así que la semilla no fue plantada en terreno fértil sino en las sucias ciénagas. La semilla no pudo prosperar y se diluyó entre la mierda colindante.
Aún en una postura confusa, la zorra, haciendo ahínco de todas sus fuerzas y con la ayuda de los dioses, reunió los poderes de la ventosidad sagrada y los liberó. El aire impulsó las semillas desparramadas en la ciénaga, acertando en la cara del borracho que murió en el acto, pero no sin antes recibir otro tridentazo diabólico profundo y, ya a cuatro patas, la profunda varita mágica del nigromante, subiéndolo a los cielos y descendiendo rápidamente a los abismos de la violación anal.
Fue entonces cuando, según cuentan las leyendas, Dios bajó de los cielos y sodomizó al nigromante, requisándole la sólida varita con sus tersas nalgas.
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