Viéndola desnuda como estaba, se abalanzó sobre ella, derribándola. Sus manos aterrizaron en sus blancos senos, aplastándolos. Ella gimió de dolor, lo que tan sólo logró excitar más al borracho.
- ¡Eres una cerda insolente! - gritó él, su voz un susurro ronco en el silencio nocturno. - Escocía te voy a dejar te tanto meterte el susurro ronco en el silencio nocturno.
Fue entonces cuando sus dedos entumecidos lograron aferrarse a la esperanza: el cable de la lampara que había sobre la mesita de noche. Lo estiró con todas las fuerzas que pudo reunir, tirando la lampara al suelo. El borracho, ocupado en sus manoseos no se percató hasta que fue demasiado tarde. Un charco de sangre se acumulaba bajo su quebrada cabeza tras el golpe.
Fue entonces cuando el nigromante apareció de las sombras para darle una nueva vida a base de crema de su varita mágica. Pero antes de que pudiera hacer nada, la viuda negra apareció y segó su vida de un mordisco. El veneno calándose en sus venas como alma que lleva al diablo. Solo que esta vez, el Diablo no se lo llevó. Sacó su tridente infernal se lo clavó profundamente para anclar la vida a su cuerpo de nuevo.
El borracho se levantó, luciendo su nueva vida, agarró a la zorra por el cuello con una mano, abriéndole las piernas con la otra. Y ahora sí, se dispuso a fecundarla. Rápidamente, la zorra se giró, así que la semilla no fue plantada en terreno fértil sino en las sucias ciénagas. La semilla no pudo prosperar y se diluyó entre la mierda colindante.
Aún en una postura confusa, la zorra, haciendo ahínco de todas sus fuerzas y con la ayuda de los dioses, reunió los poderes de la ventosidad sagrada y los liberó. El aire impulsó las semillas desparramadas en la ciénaga, acertando en la cara del borracho que murió en el acto, pero no sin antes recibir otro tridentazo diabólico profundo y, ya a cuatro patas, la profunda varita mágica del nigromante, subiéndolo a los cielos y descendiendo rápidamente a los abismos de la violación anal.
Fue entonces cuando, según cuentan las leyendas, Dios bajó de los cielos y sodomizó al nigromante, requisándole la sólida varita con sus tersas nalgas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario